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MEMORIAS DE ANA MORA, UNA SOBREVIVIENTE DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA

  • 8 mar 2018
  • 5 Min. de lectura

Ana Mora y su esposo Alexander Mandón relatan el drama que padecieron hace 15 años en la Sierra Nevada de Santa Marta, cuando la guerra entre los Giraldo y los Castaño -paramilitares que se disputaron en 2002 el control de la Sierra Nevada- los llevó a dejar su casa para vivir a intemperie durante un mes, en la Troncal del Caribe.


El 2 de enero de 2002, en su casa ubicada en la vereda de Guachaca, Ana Mora, cocinaba al tiempo que atendía a su pequeño Kevin de dos años. Estaba a la espera de sus otros cuatro hijos, Alexander, Gina, Yudis, Eli y, su esposo, Alexander Mandón. Pronto, los pequeños llegarían de la escuela y su esposo del trabajo a almorzar. Ella les tenía preparado un sancocho de gallina, el plato preferido de todos. El reloj marcaba las 12:30 y comenzaban a llegar. Ana los recibió dándoles un beso y les dijo que pasaran a la mesa que enseguida les servía la comida.


Todo parecía normal ese 2 de enero, pero la tranquilidad fue interrumpida por unos hombres quienes en voz atemorizante les ordenaban que tenían que evacuar las casas porque serían desplazados a la vereda de Calabazo. Lo que estaba por venir era el cruento enfrentamiento que durante 30 días sostuvieron los hombres del clan Giraldo, con los también temidos paramilitares, de la casa Castaño. Ana solo tuvo tiempo de empacar algunos trapos porque le tocó a ella y sus familiares correr a los camiones destinados por Hernán Giraldo para movilizar a la población. Solamente así pudo salvaguardar su vida y la de su familia. La sopa quedó servida.


Apretujados en el camión los embargaba la incertidumbre de no saber qué les esperaba en calabazo. Los ahogaban las mismas dudas que a todas las demás personas que iban arreadas como animales en ese vehículo. Al llegar a Calabazo todo era caos, Ana nunca había visto una realidad tan desconsoladora, gente en la carretera, niños llorando, personas buscando a sus familiares, miedo… sufría como madre de pensar en las situaciones que padecerían su pequeño Kevin y el resto de sus hijos. Todos ellos provenían de 38 veredas de la sierra nevada, en las que Hernán Giraldo tenía la última palabra y que según datos de la defensoría del pueblo fueron cerca de nueve mil desplazados.


Este fenómeno se presenta no solo en estas 38 veredas sino a lo largo del departamento del magdalena, donde miles de personas han padecido a lo largo de los años los estragos del conflicto armado, como se puede apreciar en la siguiente gráfica.




El comandante al mando Hernán Giraldo al ver que sus esfuerzo por conservar el territorio se tornaba fluctuantes decidió enviar a su hijo Daniel Giraldo durante 32 días a la casa castaño como garantía de paz para así poder iniciar diálogos con el comandante Jorge 40 y darle solución al conflicto.


No se conoce oficialmente una cifra exacta de cuantos muertos hubo durante ese enfrentamiento, sin embargo, Nodier Giraldo jefe de finanzas del Bloque de Resistencia Tayrona relato que algo que si es cierto, es que ninguno de los dos bandos decidieron referirse a las bajas del conflicto, pero él señala que pudieron haber aproximadamente 200 muertos de ambos grupos.


Al tiempo que se realizaban los diálogos entre los jefes paramilitares la desdicha entre las personas desplazadas incrementaba, todas esas familias tenían en común el abandono de todos sus enseres y la incertidumbre por no saber cuántos días más les tocaría vivir a la intemperie.



LA ZOZOBRA DE VIVIR A LA INTEMPERIE

FOTO TOMADA DEL INFORMADOR


Justamente ese era el miedo de Ana. Su esposo Alexander, por el contrario, trataba de mantenerse positivo y darles fortaleza a su esposa y a sus hijos. Éste comenzó a buscar en qué lugar acomodarse porque entre tanta gente tocaba buscar un pedacito de tierra donde poner los costales para dormir. Mientras tanto caminaban durante quince minutos a una quebrada para bañarse y esconderse entre los matorrales para hacer sus necesidades fisiológicas.


La familia Mandón Mora junto a más personas dormía al aire libre y sobrevivía con las pocas ayudas que enviaba el gobierno, el gremio de comerciantes de Santa Marta y los mercados que hacía llegar el comandante paramilitar Hernán Giraldo.


Recuerda Ana Benilda Mora que a los diez días de estar en el desplazamiento y toma de la carretera Troncal del Caribe su esposo construyó un racho de plástico para tener mayor privacidad y no estar tan expuestos al sereno de la noche. Igualmente, con las pocas tablas que encontró por allí, hicieron una cama.

FOTO TOMADA DEL INFORMADOR


LAS HUELLAS DEL DESPLAZAMIENTO



Después de la incertidumbre y sosiego la familia Mandón Mora y el resto de familias de la Sierra Nevada que se desplazaron pudieron regresar a sus hogares. Sin embargo, la guerra generó en los habitantes de esta zona rural, pérdidas materiales y económicas, igualmente trajo consigo enfermedades y daños emocionales.


Ana mora no volvió a ser la misma señora llena de vida y luchadora. Por el contrario, sus nervios se alteraron y empezó con una insuficiencia cardiaca, la cual padece en la actualidad. Tiene 60 años, pero aparenta ser una mujer de más edad.


Actualmente Ana Mora reside en la ciudad de Santa Marta junto a sus hijos, tratando de olvidar aquel horrible episodio de conflicto que le dejo huellas imborrables en su mente y que además le dejo una enfermedad que no ha mejorado con el pasar de los años.


De esta guerra, Daniel Giraldo, dice que el desplazamiento ellos lo ordenaron para proteger la vida de los campesinos porque en el año 2.000 la comunidad había quedado en medio del fuego cruzado cuando a la zona incursionó la guerrilla.


Por su parte, un fiscal del caso, que prefirió mantener su nombre en reserva, señaló que el grupo paramilitar comandado por Hernán Giraldo usó a la población como escudo humano. Diciendo que “Ellos no tenían suficientes paramilitares para combatir a los Castaño, por eso desplazaron a todos los campesinos, comerciantes y habitantes de la zona para mezclarse con ellos y poder ser confundidos, logrando así no ser identificados” señaló el Fiscal.


Lo cierto es que 16 años después de este, el mayor desplazamiento masivo de la Sierra Nevada de Santa Marta, muchos de los implicados se acogieron a procesos penales y confesaron sus crímenes. Algunos purgan sus condenas tras las rejas y otros más ya están libres. En lo que sí coinciden todas las personas que estuvieron en el bando de las víctimas y de los victimarios es que no quieren que un episodio como este que relata la barbarie colombiana se vuelva a repetir.


Según el informe de las oficinas de Justicia y Paz, se la hecho reparación a muchas victimas mediante distintos procesos como se puede evidenciar en la siguiente gráfica.






 
 
 

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